Puede parecer un título extraño para una entrada en un blog donde, básicamente, hablo sobre miniaturas. Pero aquí trataré específicamente de las miniaturas en los juegos de rol.
Y sí, el título es un homenaje al
módulo clásico de D&D :)
Hace unos días tenía una conversación con un bloguero en Aventuras en la Marca del Este a raíz del review de las miniaturas prepintadas que están sacando los chicos de Paizo. En aquellos comentarios expuse un poco por encima mi postura al respecto, pero este mismo fin de semana, mientras echaba un vistazo a
un viejo fanzine rolero de un club local, me encontré con un artículo en defensa de las miniaturas, las cuales iban a ser muy útiles con la nueva edición de D&D (y el artículo hablaba de 3ª).
En fin, parece que alguna fuerza misteriosa me estaba obligando a escribir esta entrada, así que vamos allá.
El rol como ejercicio de imaginaciónAunque el rol siempre se ha vendido como un juego al que podías jugar con unos dados y un papel, el tema de las miniaturas ha estado ahí desde el principio. La idea es que fuesen una ayuda del juego para representar a los personajes en situaciones confusas de combate.
Desde mi punto de vista un juego de rol es un ejercicio de imaginación y, a más elementos externos que añadamos a nuestra mesa, más viciada estará la experiencia.
Todos hemos leído libros que después se han convertido en películas o series, ¿verdad que hemos pasado por esa situación de "yo a tal personaje no me lo imaginaba así"? Pues imaginad que vieseis la película antes de leer el libro: así se vicia una partida de rol con elementos externos.
En el artículo de Drakkos que comentaba (disculpad que no dé el número exacto, lo leí en un tocho recopilatorio y no lo recuerdo) el autor exponía que no todos somos grandes maestros narrativos y que es natural que algunos necesiten la ayuda que proporcionan las miniaturas.
Ruego a Aitor Feijoo (creo que sí recuerdo a su autor) disculpe que no recurra a la falsa modestia, pero soy perfectamente capaz de describir una escena de acción en la que el grupo de PJs se enfrenta a cualquier número de bichos. Y no voy a entrar a criticar los frutos de la LOGSE ni nada parecido, pero creo que la mayoría seríamos capaces de hacerlo.
Al fin y al cabo un juego de rol también trata de eso, porque un mono vestido de botones también sabría decir "veis una puerta a la izquierda y otra a la derecha". Y vuelvo a rogar, esta vez a los lectores de este blog, me disculpen si esto puede sonar a exabrupto (en internet se pueden dar falsas impresiones si no se hace un uso intensivo de los emoticonos) pero, quien no sepa realizar una descripción debería plantearse no dirigir partidas.
El bueno de Aitor también hacía notar la picaresca de los jugadores. Sí, todos hemos compartido dados con uno de esos que siempre están ahí en cuanto se abre un cofre, pero que aseguran estar en la otra punta del dungeon cuando una trampa hace
crack o un
hechizo hace
kaboom. Pero es que controlar eso también es labor del master.
No voy a dar consejos de dirección, porque este artículo no trata sobre eso y apuesto en que ya se habrá explicado en mil ayudas al DM mucho mejor de lo que podría hacerlo yo. Pero un buen master debe ser, en cierto modo, pastor de su rebaño de PJs. Debe saber guiarlos con sutileza y guardar que ninguno se extravíe. Y, claro, un buen DM no pregunta a los jugadores donde están después de que el ladrón falle la tirada de desactivar trampas :P
El rol es, como decía, un ejercicio de imaginación, y negar a los jugadores el derecho a fabular ¡y dudar que sean capaces de hacerlo! va contra la propia esencia del rol. Y, del mismo modo que un jugador puede tener dificultades para llevar un PJ de cierto alineamiento, también tenemos que reconocer que no todos tenemos la habilidad para ser un buen director (y este artículo tampoco es lugar para ponerme a enumerar las penosas situaciones que he sufrido siendo víctima de masters reguleros).
Sentido estético (o, por favor, no seamos cutres)Empecé a jugar a rol casi al mismo tiempo que me iniciaba con los wargames. He dirigido a huestes de miniaturas por maravillosos campos de batalla cuajados de bosques y viejos torreones y sobre mesas de cocina con un par de libros a modo de colinas. Me imagino que no estaré descubriendo la pólvora, pero os comunico que la experiencia no es la misma.
Es por eso que no puedo entender qué aporta una miniatura prepintada que no lo haga una ficha de ajedrez, de parchís o una chapa de botella. Estamos moviendo unas miniaturas horribles sobre una hoja de papel cuadriculada: eso no es bonito. Ni una miniatura de metal pintada por un profesional quedaría bien desplazándose por un espacio bidimensional. Queda horrible, ¡qué demonios!, ¿por qué entonces miniaturas y no otros elementos?
De hecho, en el artículo de Drakkos, Aitor comentaba que es una ayuda y que la miniatura no tiene porqué representar realmente al PJ, que puedes utilizar un bárbaro para que haga las veces de tu paladín. ¿Un bárbaro como paladín? ¿y por qué no un alfil? ¿Qué pasará cuando quieras representar a los monstruos? ¿necesitarás una copia de cada uno de los bichos del compendio de monstruos? ¿y qué pasa con los goblins, kobolds u otras criaturas que no atacan precisamente de uno en uno?
Esta reflexión nos lleva a...
Miniaturas prepintadas: consumismo frikiPuedo hablar mucho de las miniaturas prepintadas, pero las describiría bastante bien con solo dos puntos:
a) El esculpido acostumbra a ser nefasto y
b) El nivel de pintado suele ser digno de orco borracho.
A lo cual hay que añadir que no son baratas. Sí, son más baratas que una de metal, pero es que una bicicleta es más barata que un avión y ambos son medios de transporte. Y digo esto en un plano puramente estético y práctico.
Tampoco ayuda a que sean más baratas el que acostumbren a venderse en
boosters aleatorios como si de cromos de la liga se trataran. Vas a tener que abrir muchas cajas hasta que te salga el caballero arcano que te gusta porque (y sigo sin descubrir la pólvora) han imprimido menos cromos de Butragueño que del escudo del Logroñés.
Presumimos de que el rol es una afición barata, de que puedes pasar años con los amigos, unos papeles y un lápiz... pero nos empeñamos en adocenarnos como consumidores. Nos venden decenas de suplementos innecesarios porque los compramos y nos venden muñecos que no necesitamos porque saben que los compraremos.
No me voy a poner en plan profeta del apocalipsis con el tema de la situación económica que nos está tocando vivir, pero sí me gustaría (permitidme que sea tan iluso) que al menos nos diese una oportunidad para reflexionar sobre nuestros hábitos consumistas. No le diré a nadie que se vaya de asceta al monte, pero creo que deberíamos abrazar la mesura y pensar un poco antes de desenfundar el monedero.
Lo hermoso que nos enseña el rol en estos tiempos es que las cosas que más nos hacen disfrutar no nos cuestan dinero. Gozar de una velada riendo y tirando dados con nuestros amigos es algo que ningún bien de consumo puede proporcionarte. Y los 30 euros que cuesta un juego de rol lo hacen posible siendo este un gasto moderado a cambio de un bien no perecedero que podremos seguir reutilizando teniendo como único límite nuestra propia imaginación.
Intentaré resumir porque me enrollo muchísimo:
NO necesitamos las miniaturas.
No las necesitamos en absoluto.
No las necesitamos porque el rol es un ejercicio de imaginación.
No las necesitamos porque, si necesitamos una referencia visual, podemos utilizar una chapa de botella o una ficha de parchís.
Seamos consumidores sensatos, no consumistas descerebrados.
Una pequeña reflexión moralEstamos hablando todo el rato de una afición. Algo que, por definición, no es una necesidad básica. Esto debería ser un motivo adicional para ser moralmente responsables de nuestras decisiones en esta materia.
Haríamos bien en pensar por un momento donde se fabrican y donde se pintan estas miniaturas. Todos sabemos que los países del sudeste asiático de donde proceden estos productos no destacan especialmente por su blindaje ante el trabajo infantil, los derechos laborales y los derechos civiles en general.
No quiero demonizar ni el
made in China ni a quien compre un producto de este origen. De hecho, en el mundo actual, es casi imposible aislarse de ello. Pero sí creo muy importante que mostremos cierto posicionamiento ético cuando nos encontramos ante productos que no necesitamos y/o de los que tenemos alternativas.
Quizás soy un tanto iluso con todo esto pero -al igual que el tráfico de animales exóticos no existiría si no existiesen los compradores- creo que la responsabilidad moral es irrenunciable porque, aun en el caso de no conseguir nada, la virtud es su propia recompensa.