miércoles, enero 10, 2018

Hero Quest I

El Señor de los Anillos (y su juego de rol) y el Hero Quest fueron mi primer contacto con lo que hoy se llamaría mundillo friki. Curiosamente llegaron a mi a través del Opus Dei, pero eso es una rocambolesca historia que tal vez merezca ser contada en otra ocasión.


Aunque en su día me regalaron un Cruzada Estelar, siempre me quedé con la espinita del Hero Quest, porque al chaval que tendría por aquel entonces unos doce años aquello le había resultado maravilloso. Maravilloso hasta el punto de terminar jugando a Warhammer y todo lo demás.
El caso es que, muchos años después, un conocido me consiguió una copia en eBay. Me avisó de que había un ejemplar barato, con la pega de que le faltaban algunas miniaturas. Le di el OK y unos días después por fin tenía mi ejemplar (en inglés).
Y sí, le faltaban algunas miniaturas. Concretamente todos los orcos y goblins (aunque por contra venía con la expansión de los no muertos y todas sus miniaturas de formar inesperada).
En un espectacular golpe de suerte un forero de La Armada estaba vendiendo las miniaturas del Hero Quest porque tenía el proyecto de reemplazarlas por miniaturas de metal, lo que sirvió para que completase mi Hero Quest. Desde aquí muchísimas gracias.

He tardado unos años en compartirlo por aquí, pero más vale tarde que nunca.
Un tiempo después de hacerme con él decidí pintarlo con la ayuda de mi señora y juntos nos embarcamos en él como proyecto compartido. Varios de los modelos que iréis viendo son obra suya, y algunos otros están pintados a medias (en modo cadena de pintado).


La escenografía llegó en bastante buen estado, aunque lamentablemente la pieza de cartón del altar no estaba presente.
No quisimos entretenernos mucho con esto, así que básicamente es un trabajo de pincel seco y tinta. Sencillo, rápido y funcional.


Aun así mi señora quiso detenerse un poco en el escritorio. En él coló un huevo de pascua en una de las botellas.

El próximo día los primeros monstruos.

miércoles, enero 03, 2018

Medio Mundo, de Joe Abercrombie

La guerra se avecina y el próspero -pero pequeño- reino de Gettlandia necesita aliados.
Yarvi reúne una tripulación de inadaptados y desesperados para recorrer medio mundo en busca de acuerdos que apoyen al reino en su conflicto con el Alto Rey.

En este segundo volumen de la trilogía del Mar Quebrado Avercrombie sigue narrándonos el conflicto (a modo de guerra fría) entre Gettlandia y el Alto Rey contándonos la historia de Yarvi, pero en esta ocasión desde un interesante cambio de perspectiva. Los sucesos de Medio Mundo están narrados desde la perspectiva de Espina y Brand: dos jóvenes que no han superado la prueba del guerrero y quedan convertidos en una suerte de ciudadanos de segunda en Gettlandia.
Espina es una chica con un fuerte carácter dispuesta a abrirse paso a codazos en un mundo que no se lo pone nada fácil. Brand es grande y fuerte, tiene todo lo necesario para ser un gran guerrero pero tiene un problema: se rige por un estricto código moral.

Todo lo positivo que mencionaba cuando reseñaba el primer volumen se aplica a este libro. Pero este es aun mejor.
Nos encontramos con una novela llena de exotismo, viajes maravillosos y acción a raudales. Diría que en este libro tenemos una impresionante combinación del Abercrombie de siempre con una buena dosis de Robert E. Howard, cuya influencia se deja entrever a lo largo de todas las páginas.

El trasfondo habitual de Abercrombie está muy presente en un mundo muy prosaico donde el conflicto no lo mueve un malvado señor oscuro, si no las tensiones económicas entre una potencia dominante y un pequeño y próspero reino comercial que -entre otras medidas- introduce el papel moneda en un mundo altomedieval.


El foco para los jóvenes lectores está dirigido una vez más hacia las cuestiones morales.
El tema principal está en cómo puede cambiar una persona (para bien o para mal) y el conflicto ético entre el concepto "el fin justifica los medios" y "el bien es su propia recompensa". Como en sus obras dirigidas al público adulto Abercrombie nos expone de nuevo la honestidad en la sencillez del "buen salvaje" y las maquinaciones de esa "civilización... antigua y malvada", evidenciando de nuevo esa inevitable influencia de Howard.
Tal como sucede con Medio Rey estas reflexiones de fondo, así como su buena prosa y excelente ritmo narrativo, hacen de Medio Mundo una obra sobresaliente para el lector adulto. Pero rabiosamente recomendable para el lector joven. Del mismo modo no puedo dejar de recomendarla como propuesta de lectura para profesores de filosofía y ética; en este sentido resulta brillante.

En cuanto al trasfondo en sí esta serie es más ficción medieval que fantasía en un estilo tradicional. Se trata de un mundo habitado por humanos donde no existe ninguna criatura fantástica. La ambientación nos sugiere una era altomedieval protagonizada por vikingos. Además, en los viajes de este segundo volumen, tenemos aventuras a través de ríos atravesando estepas habitadas por nómadas a caballo y un reino que nos recuerda inevitablemente a Kiev, hasta llegar hasta una no-Bizancio.
El entorno post-ap se deja entrever un poco más al atravesar una "ciudad élfica" y haciendo uso de un "objeto mágico". Personalmente no soy muy partidario de la fantasía ambientada en un entorno de un mundo real post-ap, pero aquí está tan maravillosamente llevada, con tan buen criterio, con sutileza y buen gusto que ha logrado atrapar toda mi atención.

Medio Mundo es una novela llena de sentido de la maravilla, aventuras, acción (incluyendo una de las mejores escenas de combate que he leído jamás), romance bien llevado, unas cuantas dosis de sexo (del de Abercrombie: realista e incluso patoso, muy lejos del erotismo/porno suave que juega con otros propósitos) y dilemas éticos y morales como para tenerte pensando durante horas.
Lo terminé en menos de una semana. Durante el día estaba deseando que llegase la hora de poder continuar leyendo.
Tiene todo lo que se le puede pedir a una novela excelente. Todo.
Recomendable 100%

Como nota adicional no quiero dejar de aplaudir el trabajo de Manu Viciano en la traducción. Conociéndole se sabe que se puede esperar un buen trabajo de él, pero en esta obra ha tenido el mérito adicional de traducir muy acertadamente varios términos del habla común de la cultura gettlandesa.
Como otras veces he dado palos a los traductores es justo alabar su trabajo cuando lo merecen.